
Acodado
en el vértice más sensible de mi alma
permaneces…
… y se quedan contigo
y conmigo……
los gritos de niños de mujeres.
Etéreo
por mis venas
corre tu nombre
que inunda el mar que roe el hueso
y se rompe los dientes mordiendo el algodón
que el sol rebaña.
Atrapo
en mis ojos geométricos
tu color, símbolos y figuras
como el bolsín y la bolsa que esconden en la huella
que el pie deja en la roca.
Impregnas
como la flor a la mano del guerrero.
Tu vista de puntos
expresa líneas enfrentadas,
surrealistas.
Redes cúbicas -de esperanza
de olores que se arañan-
amarran tu lienzo
que desgarra la devastación
y vuelve vapor a cualquier hombre.
¿Quién dice que no eres dios,
balanza entre arte y el lenguaje?
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